Mägo de Oz - Malicia: La Noche De Las Brujas (2025)

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Folk Metal
Warner Music
2025
Temas
Intro: Zugarramurdi 1622
Malicia
Ríos de lágrimas
No me dejes solo
El último rezo
Quiero ser libre
Mi cuerpo y yo nos dejamos de hablar…
La noche celta
Mil ojos tiene la noche
El vals de las almas rotas
La ruta de los sordos
Halloween (Almas sin luz)
Los fantasmas de la fe
La tierra de nunca jamás
Siempre juntos
Formación
Voz: Rafa Blas
Voz: Xana Lavey
Guitarra: Víctor de Andrés
Guitarra: Ix Valieri
Guitarra: Jorge Salán
Bajo: Fernando Mainer
Batería: Txus di Fellatio
Violín: Carlos Prieto "Mohamed"
Teclados, sintetizadores: Francesco Antonelli
Vientos: Diego Palacio
Crítica
Mägo de Oz nos vuelve a sorprender con Malicia: La Noche de las Brujas, un trabajo discográfico que deja claro que la banda sigue teniendo ganas de reinventarse sin renunciar a su esencia más genuina. Después de tantos años, de altibajos y de cambios infinitos en su formación, este álbum supone una bocanada de aire fresco en su discografía, y lo hace con una ambición poderosa.
Desde la intro, que ya huele a aquelarre real con ese piano ensoñador y voces rituales, se intuye el camino que va a tomar la bruja a lo largo de este trabajo discográfico. “Zugarramurdi”, aunque breve, planta la semilla de una narrativa oscura y mística. Tras ella llega “Malicia”, tema que da título al álbum, con guitarras afiladas, coros bien trabajados y un estribillo que recuerda a ciertos climas épicos de discos pasados. Qué recuerdos. Es una canción sólida que demuestra que Mägo de Oz no ha olvidado cómo construir grandes himnos, aunque a veces tenga que tirar de nostalgia.
Pero donde Malicia brilla de verdad es en su diversidad emocional. “Ríos de Lágrimas”, tercer corte de este álbum, es uno de los momentos más impactantes: letra comprometida, teclados impecables y una interpretación vocal que hace que el tema se eleve con dignidad. Es heavy en castellano con clase, y hay un guiño claro a la era Gaia que no pasa desapercibido. Por su parte, “No Me Dejes Solo” mantiene el nivel con una base más instrumental, un solo de guitarra exigente y esa sensación de melancolía que solo Mägo de Oz sabe traducir en música. Para mí, de lo mejor de este álbum.
Llegamos al quinto corte del disco con “El Último Rezo”, un tema que se mueve en esa línea “marca de la casa” caracterizada por la presencia de teclados poderosos, melodía bien construida, un puente muy logrado… y ese solo que mezcla virtuosismo y sensibilidad. Luego “Quiero Ser Libre” trae un respiro más luminoso, incluso algo festivo, con un estribillo optimista que puede no convencer a todos, pero que tiene su momento de grandeza.
De los momentos más íntimos surge “Mi Cuerpo y Yo Nos Dejamos de Hablar”, una canción intensa, oscura y muy personal. Con una letra muy trabajada, la canción destaca sobre todo por la producción y la interpretación vocal, que están a la altura, y el solo de guitarra, interpretado por Manuel Seoane, añade una carga emocional extra. Le sigue “La Noche Celta”, momento donde Mägo retoma su perfil más folk: gaitas, violines, melodías reconocibles… aunque no todo funciona por igual, seamos sinceros. Es pegadiza, pero no consigue elevarse tanto como otros cortes del disco.
Llegamos al noveno corte con “Mil Ojos Tiene la Noche”, una pieza instrumental de seis minutos que recuerda a los momentos más épicos de su pasado, permitiendo a cada músico lucirse con seriedad. Uno de esos cortes que, aunque pueda pasar desapercibido, a mí personalmente me ha parecido lleno de identidad. En “El Vals de las Almas Rotas”, los Mägo nos presentan un tema que combina violines y flautas en una melodía reconocible y directa, muy en la línea de lo que los fans clásicos esperan. Funcionó muy bien como single de presentación del disco y nos sirvió de adelanto para ver hacia dónde iba a caminar este trabajo.
Con “La Ruta de los Sordos”, la banda madrileña juega con la nostalgia. El momento más deseado del disco era “café para muy cafeteros”: Juanma Lobón a las voces, algo que no ocurría desde hace más de 30 años. Un tema divertido, aunque quizá demasiado ligero para algunos. Lo dicho, un guiño para aquellos fans que llevan desde los primeros días. Le sigue “Halloween (Almas sin Luz)”, que apuesta por un metal sinfónico moderno, con sintetizadores envolventes y una voz cristalina que recuerda a las grandes producciones europeas. Brutal. Un tema que funciona a la perfección y que seguro formará parte del setlist de la próxima gira.
“Los Fantasmas de la Fe” nos recuerda a los Mägo de Gaia II: La Voz Dormida. Un corte que mezcla crítica religiosa con un gancho melódico muy potente, con teclados ochenteros y un estribillo construible que atrapa. Parece que la banda ha dejado lo mejor para la segunda parte del álbum. Un tema denso, crudo y oscuro. Lo tiene todo. En el tramo final, “La Tierra de Nunca Jamás” aporta algo de luz, nostalgia y magia, con la familiaridad melódica típica de Mägo, y el cierre llega con “Siempre Juntos”, una balada esperada y emocional, perfecta para el directo, aunque quizá un poco predecible en el disco.
Malicia: La Noche de las Brujas es un álbum ambicioso que no teme sus propias contradicciones. No está entre las obras cumbre de la formación, eso está claro. Pero seamos sinceros: esos años nunca van a volver. Sin embargo, es una obra que tiene momentos magistrales, referencias al propio sonido que Mägo de Oz ha ido gestando a lo largo de estas décadas, pasajes íntimos, explosiones folk y reflexiones profundas. Si Mägo de Oz quería reivindicarse, quería demostrar que su fuego sigue vivo, lo ha conseguido. Una nueva etapa, sin duda, para una banda que ha sabido reinventarse disco tras disco.
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