Megadeth - Megadeth (2026)

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Thrash Metal
BLKIIBLK Records
2026
Temas
1.Tipping Point
2.I Don’t Care
3.Hey, God?!
4.Let There Be Shred
5.Puppet Parade
6.Another Bad Day
7.Made to Kill
8.Obey the Call
9.I Am War
10.The Last Note
11.Ride The Lightning (bonus track – Metallica Cover)
Formación
Voz y guitarra: Dave Mustaine
Bajo: James LoMenzo
Batería: Dirk Verbeuren
Guitarra: Teemu Mäntysaari
Crítica
Hablar hoy de un nuevo disco de Megadeth implica aceptar una premisa básica: ya no estamos ante una banda que necesite demostrar nada. Su lugar en la historia del thrash metal está asegurado desde hace décadas, para bien y para mal. La cuestión, por tanto, no es si Dave Mustaine puede volver a firmar un clásico incontestable, sino qué tiene aún que decir y desde dónde decide hacerlo.
La trayectoria del grupo siempre ha sido irregular por naturaleza. A diferencia de otras formaciones que optaron por una evolución calculada o una repetición cómoda de fórmulas, Megadeth avanzó a trompicones, con cambios bruscos de rumbo, decisiones discutidas y etapas claramente desiguales. Esa inestabilidad, sin embargo, forma parte de su identidad. Incluso en sus momentos más erráticos, la banda rara vez sonó desprovista de intención.
Con ese trasfondo llega *Megadeth*, el álbum homónimo que verá la luz el 23 de enero de 2026, producido por el propio Mustaine junto a Chris Rakestraw. Su publicación coincide con el anuncio de una extensa gira de despedida, un contexto que inevitablemente condiciona la escucha. No tanto por el tono del disco, sino por la conciencia de cierre que lo atraviesa, incluso cuando no se expresa de forma explícita.
El primer adelanto, “Tipping Point”, funciona como una declaración de intenciones más reflexiva que explosiva. El tema se apoya en un riff sólido y una base rítmica reconocible, sin recurrir al exceso ni al impacto inmediato. La voz de Mustaine conserva carácter y claridad expresiva, y el trasfondo lírico, personal, social y político, se presenta sin dramatismos ni consignas evidentes.
El inicio del álbum agrupa “I Don’t Care”, “Hey God?!” y “Let There Be Shred”, un bloque que establece el tono general del trabajo. “I Don’t Care” destaca por su actitud despreocupada y casi juvenil, con un nervio cercano al punk rock y una ejecución directa que evita la solemnidad habitual de los discos de despedida. Es un tema que transmite disfrute, más que reivindicación.
“Hey God?!” introduce un cambio de registro, retomando el diálogo de Mustaine con la fe desde una perspectiva íntima y contenida. “Let There Be Shred”, pese a su título explícito, no se limita al exhibicionismo técnico: los solos, al servicio de la melodía, están integrados en la narrativa del tema y remiten a una concepción del thrash metal más física y primaria, con un marcado aroma ochentero.
En la parte central del disco aparece “Puppet Parade”, uno de los cortes más relevantes a nivel conceptual. La canción recupera algunos de los temas recurrentes en la obra de Mustaine, como son el poder, la manipulación y el control, y los envuelve en un estribillo irónicamente accesible. “Another Bad Day”, en cambio, se desplaza hacia una vertiente más melódica, recordando etapas en las que la banda apostó por estructuras más abiertas y menos agresivas.
El cierre con “The Last Note” asume sin rodeos la idea de final. No hay dramatismo impostado ni nostalgia excesiva, sino una revisión consciente de lo que ha sido la trayectoria de Megadeth: logros, tensiones y renuncias incluidas. Es una despedida firme, coherente con el carácter de Mustaine y con la historia del grupo.
Como bonus track, “Ride the Lightning” reinterpreta un tema clave desde una lectura autobiográfica. Más que un simple homenaje, funciona como un ajuste de cuentas personal. La versión presenta una producción más limpia y un tempo ligeramente acelerado, aunque esa pulcritud atenúa parte del caos que definía el original. En conjunto, este tema y “The Last Note” establecen un diálogo claro entre origen y cierre, entre el punto de partida y la conciencia del final.
Megadeth no aspira a reescribir la historia del género ni a competir con los grandes hitos de su propio catálogo. Es un disco coherente, sólido y honesto, que encaja con la trayectoria de una banda que nunca fue fácil de clasificar ni de domesticar. Si este es realmente el último capítulo (eso aún está por ver), se cierra sin estridencias innecesarias. Y, como tantas veces en la carrera de Megadeth, será el directo el que termine de darle sentido completo a estas canciones.
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