Poppy - Empty Hands (2026)

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Metalcore
Sumerian Records
2026
Temas
1. Public Domain
2. Bruised Sky
3. Guardian
4. Constantly Nowhere
5. Unravel
6. Dying to Forget
7. Time Will Tell
8. Eat the Hate
9. The Wait
10. If We’re Following the Ligth
Formación
Voz: Moriah Pereira (Poppy)
Guitarras, teclados, producción: Jordan Fish
Guitarras: Julian Gargiulo
Bajo: Johnuel Hasney
Batería: Ralph Alexander
Crítica
Ha pasado poco más de un año desde que tuvimos el anterior disco de Poppy y me atreví a adentrarme en nuevas tendencias que terminaron por agradarme. Y resulta que ya tenemos nuevo trabajo de Moriah Pereira, donde de nuevo le acompaña Jordan Fish. Dicho sea de paso, se han convertido en una auténtica pareja musical, ya que ambos han sabido congeniar de tal manera que han sacado en poco tiempo dos discos muy notables: Negative Spaces y el actual Empty Hands.
El álbum fue publicado el pasado 23 de enero por Sumerian Records y está compuesto por 13 cortes con una duración total de 38 minutos. Una duración algo austera, aunque equilibrada, que te deja con ganas de más y donde, de nuevo, se nota la mano de Jordan Fish en la producción y composición junto a Moriah.
En cuanto a lo que nos vamos a encontrar en esta nueva obra, no es otra cosa que una continuidad de su excelente Negative Spaces, aunque da la sensación de que, con el rodaje, han logrado un disco mucho más redondo y cohesionado. De nuevo nos topamos con la mezcla de estilos como el nu metal, metalcore, synth pop, pop y metal industrial. Desde mi punto de vista, aun habiendo estructuras meramente pop, es un disco más agresivo y con menos intención de agradar a otros públicos; se percibe una agresividad añadida en la mayoría de los temas sin perder la esencia de Poppy.
Empezamos, como en el anterior disco, con una canción industrial titulada “Public Domain” (con cierto aire a Nine Inch Nails), con voces casi distorsionadas y un estribillo muy “Poppy”, pegadizo y con gancho. Es un muy buen inicio que nos mete de lleno en el álbum con ese equilibrio entre metal industrial y pop, culminando en un final oscuro. “Bruised Sky” nos introduce de lleno en riffs agresivos y voces demoníacas de Moriah que tanto destacan, combinadas con un estribillo melódico muy efectivo. En general, la canción se mueve entre riffs contundentes, guiños electrónicos y voces agresivas, siendo uno de los temas a resaltar.
El tercer corte, “Guardian”, puede recordar a composiciones de Amy Lee con Evanescence, ya que reúne elementos de nu metal con una voz dulce —aunque por momentos más agresiva—. Tras el breve interludio “Constantly Nowhere”, con voces superpuestas que evocan una nana, llega “Unravel”, una canción más cercana al electro pop (aunque con guitarras distorsionadas), especialmente en su inicio, con melodías memorables y un estribillo empalagoso pero efectivo, además de una sección más agresiva muy bien integrada.
Llegamos a uno de los puntos más álgidos del disco con “Dying To Forget”, un auténtico puñetazo en la cara, cargado de agresividad hardcore y con una Poppy totalmente desatada. No ocurre exactamente lo mismo con “Time Will Tell”, de aroma nu metalero y con un inicio que recuerda a alguna canción de Untouchables de Korn, aunque, como no podía ser de otra forma, incluye un estribillo marca de la casa y un tramo final más agresivo.
“Eat The Hate” aporta el lado más desenfadado y accesible del álbum, con un aire cercano al pop rock de Paramore, aunque sin renunciar del todo a ciertos matices agresivos.
El tramo final resulta tan entretenido como curioso. “The Wait” es una canción puramente synth pop, con reminiscencias de las últimas etapas de Taylor Swift, aunque con guitarras corpulentas ocasionales. Predominan los sintetizadores, lo que la convierte en una de las piezas más amables y melódicas del disco, quizá también de las más flojas.
No ocurre lo mismo con “If We’re Following The Light”, una de las joyas del álbum, con aroma a metal industrial. Destaca la decadencia que transmiten sus guitarras sintetizadas, evocando la oscuridad de Marilyn Manson, junto a una melancolía casi vampiresca. Si a esto le sumamos los berridos de Poppy, guitarras robustas y un estribillo oscuro y melancólico, el resultado es de lo mejor que ha publicado la artista hasta la fecha.
El interludio “Blink” nos conduce a “Ribs”, otro tema más pop, alegre y animado, aunque con pinceladas de agresividad. Y el cierre no podría ser más contundente: un corte de death metal en toda regla. Moriah y compañía nos ofrecen un torbellino de brutalidad entre el death y el deathcore, con un tramo intermedio más calmado antes de desembocar en un final bestial, con break inquietante, blast beats endiablados y una Poppy completamente desatada.
En definitiva, nos encontramos ante un disco que, a mi parecer, supera ligeramente a su antecesor por los motivos expuestos: es más metalero sin perder el componente pop y otros matices estilísticos. La producción es sobresaliente, cristalina y potente, respaldada por músicos como Julian Gargiulo (guitarras), Johnuel Hasney (bajo), Jordan Fish (guitarras y teclados) y Ralph Alexander (batería). En conjunto, le otorgo un notable alto, cercano al sobresaliente. Poppy demuestra que ya no es una novedad pasajera, sino una artista consolidada que mantiene su identidad sin desviarse y que encadena dos trabajos realmente sólidos.
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