Kabrönes - 5/9/25 - Sala Razmatazz (Bcn)

La noche barcelonesa del viernes se vistió de gala para recibir a la formación de Jose Andrëa y los ex-Mägo de Oz en la sala Razzmatazz 1, con un lleno que recordaba a las grandes citas internacionales. Desde mucho antes de la apertura de puertas, la cola serpenteaba por los alrededores del recinto, confirmando que el regreso de estas leyendas del folk metal nacional había generado una expectación pocas veces vista en un concierto de metal estatal. El ambiente era eléctrico y, cuando se apagaron las luces, la comunión entre banda y público ya estaba escrita y la duda quedaba disipada parafraseando la canción: El Rey ha vuelto.
El concierto arrancó fuerte con “Maritormes” y “La Santa Compaña”, calentando motores de inmediato. Siguieron “El Ángel Caído”, “El que quiera entender que entienda” y “El Cantar de la Luna Oscura”, canciones que forman parte del imaginario colectivo de toda una generación, que aprovechó para tirar de cerebro y demostrar que esas letras inmortales están grabadas a fuego en el cerebro de cada uno de nosotros. Sino, no se explica el canto unificado del público en todas y cada una de las canciones! El público coreaba cada estribillo como si fueran himnos, y la banda respondía con un sonido compacto y lleno de energía. El violín de Santi Vokram aportaba ese sello inconfundible que le sabe dar el músico mejicano, mientras que Ismael Filteau, siempre histriónico y saltando de un lado a otro de su teclado, arrancaba sonrisas y aplausos sin parar. Todo un ejemplo de entrega en un escenario, pero además, acompañado de virtuosismo en las teclas, y un carisma que llevó a jugar con el público escondiéndose tras su teclado a la vez que reclamaba y recibía vítores.
Con el bloque central del concierto llegaron piezas imprescindibles como “Es hora de marchar”, “Dime con quién andas” o “Hasta que el cuerpo aguante”, donde la voz de Jose Andrëa brilló con una fuerza y una emoción que sorprendió incluso a los más escépticos. Una cosa está clara: Jose está en forma! El cantante estuvo pletórico, demostrando que sigue siendo uno de los grandes frontmen del metal ibérico: cercano, interactuando constantemente con el público y dejando momentos de auténtica complicidad. Carlitos, sonriente y enérgico, se reencontró con su público como hacía tiempo no se le veía, mientras que Víctor Conde, sustituyendo a un convaleciente Frank, se ganó al público por su actitud positiva, siempre una sonrisa en la boca y una ejecución impecable y de gran calidad técnica.
Vale la pena mencionar el momento emotivo que supuso el homenaje a Sergio Cisneros "Kiskilla" y Fernando Ponce de León, ambos fallecidos de manera reciente, y a quienes se dedicó “Es hora de marchar“. Al terminarla, la banda quedó entera abrazada y emocionada ante un carrusel de fotos de ambos, lágrimas en los ojos y el público aplaudiendo a los que ya no están.
La recta final fue un viaje directo al corazón de la época dorada de Mägo de Oz, con temas inmortales como “El Santo Grial”, “La Leyenda de la Mancha”, “Astaroth” —donde dos fans invitadas al escenario se atrevieron a cantar sorprendentemente. Y “El Fin del Camino” parecía que había puesto fin a la actuación (todos sabíamos que no). Cada canción era celebrada como si fuera la última, en un ambiente que rozaba la euforia colectiva y que en cualquier caso llevaba a un estado de alegría general compartida.
Y aún quedaban los bises, claro. El delirio absoluto llegó con “Fiesta Pagana” y “Molinos de Viento”, himnos generacionales que hicieron temblar las paredes de la Razzmatazz. Y la sorpresa fue, el invitado a cantar “Molinos de Viento”: Adrià Mondaray, actor encargado de representar a Jose en "Mägo de Oz, la película", saltó a la palestra no solo para vivir de cerca a la persona que tiene que representar, sino también para demostrar que sabe moverse y tiene voz para cantar sobradamente las piezas de la banda. Además se le vio sonreir, disfrutar y entregarse al que será su público en la ficción, pero que por una noche lo fue en la realidad.
El cierre, finalmente, fue con “Satania” puso la guinda a más de dos horas de show intenso, vibrante y cargado de nostalgia, pero también de presente y de futuro. Yo pensaba que me había gustado el show, pero en dos ocasiones, ver mi bello del brazo erizado (en este último tema fue uno de ellos), me dijo a mi mismo que en realidad había disfrutado como camello bajo el agua de un grifo.
Por otra parte, El Niño a la batería imprimió pegada e hizo estallar su doble bombo en momentos clave, arrancando alguna sonrisa pícara, mientras que Salva al bajo mantuvo una base sólida que sostuvo todo el espectáculo con solvencia, a la par que con alegría y transmitiendo felicidad.
Lo vivido en Barcelona no fue un simple concierto: fue una celebración, una reivindicación de una historia común y un recordatorio de por qué estas canciones siguen vivas en la memoria de miles de seguidores. Jose Andrëa y los ex-Mägo demostraron que no viven de recuerdos, sino de una pasión intacta que conecta con el público de manera inquebrantable. La pregunta que muchos se hicieron al salir fue inevitable: ¿ha nacido aquí un nuevo punto de inflexión para esta formación? Solo el tiempo lo dirá, pero lo cierto es que nadie salió defraudado, más bien al contrario, satisfechos, contentos e incluso eufóricos!
Finalmente agradecimientos a la organización de ZLive! por las facilidades y por supuesto a la propia banda por la cercanía y complicidad.
Las más leídas:

Suscríbete aquí!