El underground sigue en ebullición. En un panorama donde los grandes festivales dominan titulares, una nueva propuesta emerge desde las sombras con vocación de culto: Drums of War, un festival que celebrará su primera edición los días 27, 28 y 29 de agosto de 2026 en Barcelona, impulsado por Manguales Extreme.
Lejos de fórmulas complacientes, Drums of War nace con una declaración de intenciones clara: ser un refugio para los sonidos más extremos, crudos y auténticos del metal. No hablamos de un evento más, sino del intento de construir una nueva trinchera para el underground europeo, apostando desde su arranque por nombres que rara vez pisan escenarios masivos.
El cartel —aún en expansión— ya deja entrever esa filosofía. Entre las primeras confirmaciones destacan propuestas tan afiladas como Impetiy, los ocultistas estadounidenses Negative Plane, o los noruegos Deathhammer, representantes de ese cruce venenoso entre thrash y black metal. A ello se suma una selección de bandas que, sin buscar el foco mainstream, sostienen la esencia más pura del género.
Lo interesante es que Drums of War no pretende competir con los gigantes, sino ofrecer algo distinto: una experiencia centrada en la intensidad, la cercanía y el culto a lo extremo. La propia organización ha dejado claro que el cartel no está cerrado y que todavía quedan más incorporaciones por anunciar, lo que refuerza esa sensación de evento vivo, en construcción, casi orgánico.
En ese sentido, Manguales Extreme vuelve a demostrar su compromiso con escenas que sobreviven al margen de tendencias. La promotora, conocida por su apoyo a propuestas radicales, da ahora un paso más ambicioso: levantar desde cero un festival que podría convertirse, si la respuesta acompaña, en una cita clave para los fieles del black, death y thrash más ortodoxos.
El reto no es menor. Lanzar un festival en pleno 2026 implica competir con agendas saturadas y públicos cada vez más selectivos. Pero precisamente ahí reside el atractivo de Drums of War: en su carácter casi insurgente, en su voluntad de ofrecer algo que no busca agradar a todos, sino impactar a los que realmente importan.
Pero si algo termina de definir esta primera edición es su cartel, una auténtica declaración de principios. Nombres como Destruction aportan el peso de la historia del thrash europeo, mientras que 1349 garantizan una descarga de black metal noruego en su forma más despiadada. En otro extremo, bandas como Kampfar añaden un enfoque más pagano y atmosférico, contrastando con la violencia directa de propuestas como Ingested o Noctem, que representan la vertiente más moderna y agresiva del extremo.
También hay espacio para terrenos más técnicos y progresivos con Persefone, así como para sonidos que beben directamente de la vieja escuela con Onslaught, reforzando esa mezcla generacional que atraviesa todo el cartel. Lejos de ser una suma aleatoria de nombres, Drums of War perfila desde su debut una identidad clara: diversidad dentro de la oscuridad, pero siempre fiel a los márgenes más extremos del metal.
Barcelona será testigo del nacimiento de esta nueva criatura. Y como todo lo que surge desde el underground, su futuro no está garantizado… pero sí cargado de intención.
Porque si algo deja claro esta primera edición es que la guerra —al menos en términos sonoros— acaba de empezar.

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