Història i poder del mètal català

Por eso, cuando llego a la librería, me explota el cerebro. Para ser una presentación, encuentro que el ambiente es inaudito: apenas se puede entrar. Hay unas cien personas como mínimo y, sobre todo, no soy la única que lleva una camiseta de música dura.
Me siento y comienza la misa. Las leyes de la física han enloquecido y el universo está completamente del revés: entre el público encuentro a los músicos de un festival inexistente (Angoixa, Bocc, Estertor, Òsserp, Sangtraït, Amargor, Forja, Vidres a la Sang, Foscor, Cruz, Entropia, Obaga, Santacreu...) y al escenario suben los tres fans que han creado esta Biblia herética. Tras solucionar los problemas de micro habituales y tratar de agrupar a los oyentes por los rincones de la librería, los autores nos explican qué demonios es eso que arde entre mis manos.
Abro el volumen y me adentro con cuidado por sus 600 páginas. Quiero destacar una diferencia respecto a otros libros peninsulares sobre metal que he podido leer, y es el valor cultural que saben darle al metal. A menudo es señalado como un estilo menor frente a artes más elevadas, y algunos libros metaleros subrayan esa autoimagen con un tono excesivamente gracioso o popular. El de Enderrock no. Está muy bien escrito y documentado, no es nada tímido a la hora de hablar de los orígenes de la lengua catalana, sus usos por parte de los grupos, el imaginario mitológico del territorio, incluso la intencionalidad política, o no, que puede esconder la música.
Dani Morell me deja de piedra con su mirada poliédrica en el capítulo “ecosistema del metal en catalán”. Nos dice que el estilo en nuestra tierra es extremadamente volátil y efímero, pero el autor lo hace vibrar sin olvidar a nadie: no se le escapa ni una asociación, estudio de grabación, sello, promotora... incluso cita los medios de difusión metalera, entre ellos la propia Satan Arise. Por supuesto, no hace falta decir que TV3 (la televisión autonómica catalana) no forma parte de esa lista.
Termino con el inicio, citando una genial sentencia que escribe Maria Nicolau en el prólogo y que define bien la fuerza del metal: “nunca ha habido en el mundo nadie que haya vivido una vida legendaria tomándose las cosas con falta de pasión”.
Con la lanza agotada de tantas cruzadas, posiblemente nuestros héroes desfallecerán en algunos momentos, no están acostumbrados a subir a los escenarios (excepto Dani Farrús). Pero merecen nuestra gratitud, merecen que los levantemos y los llevemos en crowd surfing desde los Pirineos hasta el Ebro. Y es que la han hecho buena. Con este libro han demostrado un hecho que a mí y al resto de metaleros nos llena con una dulce sensación de alivio. A partir de ahora, cuando me levante por las mañanas para volver a la rutina de autómata, tendré algo muy claro: que ya no camino sola por el mundo.Pat Ubach
17/06/2025
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