Reino Unido, 13 de febrero de 1970. BLACK SABBATH publica su primer trabajo bajo el sello Vértigo. Un nuevo horizonte musical entra en acción, símbolo de rebeldía e inconformismo, que años más tarde la prensa bautizaría como “heavy metal”. Aquellos cuatro jóvenes soñadores, oriundos de la sucia e industrial Birmingham, tradujeron su hastío y frustración con la injusticia opresora, presente mayoritariamente en la clase social obrera, en un poderoso mensaje acompasado por riffs pesados y ritmos vertiginosos. Tras cinco décadas de existencia, innumerables conciertos por todo el globo, millones de discos vendidos y generaciones enteras influenciadas por su eterno legado, Tony, Geezer, Bill y Ozzy nos convocaron el día 5 de julio, en su ciudad natal, para un último adiós.
Evento multitudinario. El planeta entero reunido en el estadio del Aston Vila por más de diez horas mientras se sucedían un sinfín de leyendas. Aprendices directos de la herencia de Black Sabbath, haciendo las veces de teloneros, en un acontecimiento que hay quien ya ha comparado con el Live Aid de 1985 o el homenaje póstumo a Freddie Mercury de 1992. Reconozco que la energía que allí se respiraba realmente indicaba algo único, irrepetible, y más importante, una marca de por vida para todos los que tuvimos la fortuna de formar parte de la despedida. Así lo sentí, y así lo viví. Fue un agradecimiento mutuo. La banda agradeciendo el apoyo incondicional y cariño recibido por los fans durante tantos años, tantas idas y venidas; y los fanáticos, adoradores de SABBATH, de su música, de su mensaje, agradecidos por haber podido compartir época con sus ídolos, y los ídolos de tantos que idolatran. Como bien dijo James Hetfield: “no habría Metallica sin Black Sabbath”, como tampoco habría Slayer, Anthrax, Alice in Chains o Pantera, por nombrar algunos de los grandes nombres que homenajearon la trayectoria de los chicos de Birmingham. La influencia ha sido tal, que cualquier amante del género, sin demasiado esfuerzo, puede identificarla en los hits de dichos artistas. Debido al reducido setlist de las actuaciones, un punto clave ha sido precisamente las versiones de temas de Ozzy Osbourne y BLACK SABBATH. Más concretamente, entender por qué eligieron esos temas, nos da a los fans una pertenencia y una presencia mayor en el evento, pues las bandas se posicionan (al igual que Jason Momoa entrando al mosh pit con Pantera) como fans absolutos. Por poner algunos ejemplos, Lamb Of God y su versión de “Children of the Grave” (Master of Reality) es un reflejo perfecto del estilo rebelde y carácter de protesta que caracteriza a la banda, pero que también evidencia la dureza de la letra: niños destinados a la guerra, destinados a vivir en un mundo gris sin aparente esperanza, y políticos y mandamases militares con una visión del mundo completamente sociópata; Gojira versionando “Under the Sun” (Vol. 4), llevándola perfectamente a su terreno: pesadez, con toques de experimentación, progresivo y ritmos acelerados; o Pantera rompiendo barreras con “Planet Caravan” (Paranoid) en un ambiente íntimo y delicado, para caer directamente en “Electric Funeral” (Paranoid) acentuando el estilo agresivo de Zakk Wylde y la siempre feroz voz de Phil Anselmo.
No faltó un especial homenaje al tan querido, admirado y alabado Randy Rhodes. Quien fuera el primer guitarrista de la carrera en solitario del Príncipe de las Tinieblas, nos dejó en 1982 tras publicar Blizzard of Ozz y Diary of a Madman. El primero en rendirle culto sería Brann Dailor, batería de Mastodon (banda encargada de abrir el evento) con una icónica imagen de Randy en el parche del bombo. El actor, cómico y músico Jack Black también hizo aparición en un videoclip versionando “Mr Crowley” donde el hijo de Tom Morello, con la icónica guitarra Karl Sandoval Polka Dot Flying V, rindió tributo al guitarrista fallecido.
Como el lector se imaginará, innumerables fueron los momentos memorables, como colosales fueron las interpretaciones de Metallica, Rival Sons, Guns N’ Roses, la aparición estelar de Steven Tyler, quien incluso nos deleitó versionando “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin, o Nuno Bettencourt de Extreme “carreando” prácticamente el setlist entero de los supergrupos. Si bien, quería aprovechar la oportunidad para destacar un invitado más, uno muy especial, que mucha gente ni esperaba, ni probablemente conociera. Un artista cuya relevancia en el evento ya se ha puesto de manifiesto, y su interpretación está dando mucho de qué hablar en redes. El cantante británico Yungblud y su icónica y personal “Changes” (Vol. 4), de nuevo, con Nuno a la guitarra, han transformado a la balada por excelencia de SABBATH, en una suerte de poderosa reinterpretación moderna, dotándola incluso de toques propios de las power ballad de los 80s. Tal como el guitarrista ha declarado en una reciente entrevista para Sirius XM: “era un movimiento arriesgado […] es originalmente una canción con piano y voz, pero a Tom (Morello -director musical del evento-) le parecía una propuesta interesante”. En referencia a Yungblud, su actitud enérgica y su espíritu joven y rebelde era justo el extra que necesitaba, sin saberlo, Back To The Beginning. Interpretación desgarradora, directa sin mayor pretensión que mostrar el amor que profesa a Ozzy, a quien ha calificado como su mentor.
Llegamos al momento esperado. El primero en aparecer, el Príncipe de las Tinieblas brota como del mismísimo infierno en su trono de murciélagos musicalizado por el “Carmina Burana” de Carl Orff. Admitiré, no obstante, que la intención estética de sobrecogimiento, por lo colosal de la aparición de una leyenda como es Ozzy Osbourne, quedó ligeramente mitigada por la visible emoción del cantante y la impresión de su claro envejecimiento. Y no se me malinterprete, ese momento estará clavado en nuestra mente por siempre como algo precioso, emotivo y mágico en sí mismo. Todos estábamos con Ozzy. El cantante y showman de una de las bandas más oscuras de la historia (como así les catalogaron en su momento), sin dificultad alguna te suelta un “we love you” de lo más sentido, porque siempre hemos sabido que lo son. Ahora era nuestro turno de agradecer, tanto a él en particular, su carrera en solitario, como a Tony, Geezer, y por supuesto, Bill, quien volvería a tocar con sus hermanos por vez primera tras veinte años. Así lo sentí, esa fue la energía. Los allí presentes, y aquellos desde casa, no estábamos solo para ver a Black Sabbath, no fuimos solo para escuchar “War Pigs”, “Iron Man”, “N.I.B.” y “Paranoid”. Ni siquiera fuimos exclusivamente por la energía y complicidad que allí nacía. Fuimos por BLACK SABBATH. Fuimos para agradecer su música, su legado, y lo que ello ha supuesto para nuestras vidas. Fuimos a Birmingham, para devolverles ese amor, y acompañar a nuestros héroes en esta última batalla.
Final de una era, pero principio de una nueva. Ahora nos toca a nosotros mantener su recuerdo, hacerlo brillar, sentirlo presente. Toda despedida conlleva un duelo, y sin duda, un pedazo de nuestra alma, una parte de nosotros, sigue atrapada en el limbo que supuso Back To The Beginning, para mostrar así nuestros respetos, por toda la eternidad, a la banda que lo comenzó todo, para todos nosotros. Gracias Bill, Geezer, Tony y Ozzy. Gracias por darnos una identidad. We love you.
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