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KISS Alive! 50 años de sangre, sudor y fuego

KISS Alive! 50 años de sangre, sudor y fuego

La primera vez que escuche el KISS “Alive!”, los norteamericanos ya eran una banda consagrada. Rondaría el año 1990 cuando mi, por aquel entonces, mejor amigo me grababa en una cinta Maxell el doble vinilo “Alive!”. Por ese entonces, KISS habían copado las listas de éxitos, habían acariciado la fama, se habían convertido en superhéroes y sobrevivían en el ostracismo, pese al éxito económico. Poco a poco la banda se había ido defenestrando a sí misma, con discos que no cuajaron en su momento, giras que eran una ruina y la pérdida de su identidad con el abandono del maquillaje. Las cosas no eran muy diferentes cuando este disco aparecía el 10 de septiembre de 1975. Podríamos decir que la encrucijada era distinta. KISS estaba a punto de convertirse en una banda más en el interminable cementerio del rock de los setenta. Tres discos en apenas dos años —“Kiss”, “Hotter Than Hell” y “Dressed to Kill”— habían mostrado ambición, maquillaje y riffs contagiosos, pero las ventas eran decepcionantes y su sello, Casablanca Records, rozaba la quiebra. “Alive!” parecía un alegato que se presentaba, cuanto menos, como legado póstumo de una banda que estaba agonizando. Una medida desesperada que pretendía capturar la experiencia visceral que suponía un directo de KISS. ¡Vamos, el último cartucho!
Kiss Alive

“Alive!” se grabó en varias ciudades de Estados Unidos entre mayo y julio de aquel año, y fue mezclado en los Electric Lady Studios por Eddie Kramer, quien sabía que lo esencial era mantener la sensación de peligro, la inmediatez del concierto, ese muro de ruido que KISS levantaba con cada show. El resultado fue un doble LP que, en palabras de “Classic Rock” (2005), “era rebosante de intensidad y poder metalero salvaje… te sitúa justo en el corazón de la tormenta”. Cierto: escucharlo era como estar allí, con las luces cegadoras, el sudor corriendo y el público rugiendo como un animal desatado. Recuerdo cómo lo definía otro compañero de la infancia: “es que el ‘Alive!’ con el público, te da vidilla”.
Kiss Alive
Y esa vidilla te venía desde el minuto uno, desde la primera nota de “Deuce”, precedida por la icónica introducción de J.R. Smalling —“You wanted the best, you got the best!”. Recuerdo cómo me quedaba atrapado en el salón, como si estuviera realmente en el concierto e incluso en el propio escenario. Como muchos otros, escuchamos primero los ‘Alive’ antes que los álbumes correspondientes en estudio. Pero más tarde, pudimos entender el porqué del éxito de este disco. Las canciones que en sus versiones de estudio parecían correctas, incluso frágiles, aquí se transformaban en himnos incendiarios. “Strutter”, “Firehouse” y “She” adquirían un peso nuevo, mientras “100,000 Years” se expandía hasta los doce minutos con un solo de batería de Peter Criss que convertía la pieza en un ritual de percusión. “Let Me Go, Rock ’N Roll” se convertía en una jam rugiente, como si la banda quisiera demostrar que todavía tenía gasolina para incendiar la noche entera, y cerraba el doble vinilo para dejarnos ganas de volverlo a escuchar. Magia pura y dura.
Kiss Alive

Con el paso de los años, se supo que las cintas en directo fueron retocadas con overdubs en estudio. Eddie Kramer lo reconoció sin tapujos: “regrabamos secciones de batería, bajo y voces, incluso añadimos cintas de audiencia para reforzar la atmósfera” [Comentario del productor recogido en varias entrevistas posteriores; una de las más citadas es la publicada en los “Eddie Kramer Archives” (años 90 y reeditada online en 2000s)]. Paul Stanley también admitió que “se parcheó un poco todo álbum en vivo… había errores de bajo que tuvimos que corregir” [“KISS: Behind the Mask” (2003)]. Pero esas correcciones no invalidan la experiencia; al contrario, logran encapsular y mejorar lo que KISS transmitía en el escenario: energía cruda, agresividad y espectáculo.
Kiss Alive


Pero si hoy en día, siendo un álbum de culto, hay algún ‘tonto a las tres’ que se permite el lujo de mancillar tamaña obra de arte, ya puede intuir el lector que la recepción de la crítica en su momento fue contradictoria. En “Rolling Stone” (20 de noviembre de 1975), Alan Niester lo despachó como “horrible, criminalmente repetitivo, estrepitosamente monótono… y ligeramente entretenido durante diez minutos”. Con todo, “Alive!” escaló al número 9 del Billboard 200 y permaneció en lista durante 110 semanas, más que ningún otro álbum. Alcanzó el disco de oro apenas tres meses después de su lanzamiento y, con el tiempo, se convirtió en multiplatino. La gira de presentación, con 91 fechas entre 1975 y 1976, comenzó con la forja de la leyenda.
Kiss Alive


A mi modo de ver, 50 años después, podemos decir que lo fascinante de este álbum es que funcionó como un espejo deformado: canciones sencillas, de tres o cuatro acordes, se convirtieron en explosiones monumentales. El crítico Martin Popoff lo explicó con precisión: “’Alive!’ convirtió a Kiss en un fenómeno loco del rock n’ roll, transformando las económicas canciones del hard rock en himnos rimbombantes envueltos en un caos que escupe fuego” [“The Collector’s Guide to Heavy Metal: Volume 1” (2003)]. La clave estaba en esa sensación de que el oyente formaba parte del ritual colectivo, como diría el propio Malinowski: música, fiesta y magia se unen para crear una ceremonia irrepetible. No importaba si se trataba de un pequeño club de Detroit o un auditorio en Cleveland; cuando el disco giraba en el tocadiscos, lo que se escuchaba era una multitud gritando al unísono y tú formabas parte de ella.
Kiss Alive


Gracias a Dios, con el tiempo, lo que algunos vieron como ruido sin sentido pasó a ser reconocido como un documento histórico. “AllMusic” lo calificó como “el mejor álbum de KISS” (reseña de Greg Prato publicada en “AllMusic”, disponible online desde mediados de los 2000), mientras Pitchfork lo describió como “la prueba sónica total donde KISS estaba alcanzando su punto álgido” (“Pitchfork” (2005)]. Por otro lado, “Metal Music Archives” (2011), en una reseña posterior, lo definió como “una experiencia ultra mega heavy metal, de princio a fin”, subrayando que ninguna de las grabaciones de estudio previas lograba transmitir esa descarga eléctrica.
Kiss Alive


Sin lugar a dudas, el legado de “Alive!” es enorme. Que se lo pregunten a cientos de músicos que han triunfado en la escena y que se criaron escuchando sus canciones. Redefinió el valor de los álbumes en directo, que hasta entonces eran vistos como simples contratos de relleno. Mostró que podían ser, en realidad, declaraciones artísticas y vehículos de transformación, en donde el fanático podía transportarse una y otra vez a la experiencia vivida en concierto. Tampoco hay duda, que sin el éxito arrollador de este disco, KISS probablemente habría quedado como una nota a pie de página en la historia del glam rock, por debajo de NEW YORK DOLLS o ALICE COOPER. Pero, aunque a muchos les pese, no fue así y, en cambio, KISS se convirtieron en un fenómeno cultural de masas, que sigue haciéndonos palpitar, a más de uno, 50 años después.

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