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KILLERS, 45 años de asesinatos sin resolver

KILLERS, 45 años de asesinatos sin resolver

KILLERS / 45 AÑOS DE ASESINATOS SIN RESOLVER


No hay día en el que Londres no suene a lluvia cayendo sin parar, a sirenas rebotando entre los edificios de ladrillo ennegrecido y a gritos de terror en los callejones más oscuros, dejándote un mensaje de que cada paso puede ser el último, el definitivo. Y no por superstición, sino desgraciadamente por estadística.



Killers


Una vez más, como cada año, a principios de Febrero cuando el invierno inclemente azota a la capital Inglesa, alguien muere de una forma que nadie querría recordar. En 1981 un cuerpo apareció descuartizado, aparentemente sin razón bajo un puente. Doce meses después, se hallaron restos mortales desperdigados en los contenedores cercanos al mítico Cart & Horses y así, año tras año, se han ido sucediendo las víctimas en una ciudad gris que las olvidará antes de que se coagule por completo la sangre derramada en su suelo. Este año, no ha sido la excepción. Muy cerca de una antigua tienda de instrumentos de percusión, se alza hoy el más reciente obituario de Londres a uno de sus ilustres ciudadanos. Un escocés y músico de profesión, encontrado con un par de baquetas clavadas en cruz sobre su pecho y cuyas iniciales NMB se suman a un abecedario macabro al que no escapa ninguna letra desde hace 45 años.

Cuatro décadas y media después el misterio continúa sin resolverse para los investigadores de Scotland Yard, aunque es vox populi que sobran las pistas. Heridas mortales por un arma cuidadosamente afilada, miembros seccionados limpiamente, largos cabellos blancos encontrados en cada escena del crimen y aun así nadie sabe nada.

Sin embargo, en las inmediaciones del East End de Londres, si preguntas al vecino común a la salida de los pubs, sus miradas vagan inmediatamente en busca de cualquier objeto sobre la acera, intentan vocalizar sin apenas abrir la boca y emprenden una decidida huida a paso redoblado dejando atrás un murmullo … Eddie ¡
Al lado de su primera víctima, hallada descuartizada bajo uno de los puentes sobre el Tamesis, también se encontró la extraña pintura de un rostro … Eddie.

Al principio fue solo una cara. Un zombie con una siniestra sonrisa dibujado con aerosol en los túneles del metro. Un cadáver caricaturesco con ojos vivos mirando desde el ladrillo húmedo. La policía lo clasificó como vandalismo. Arte urbano. Nada que justificara perder el tiempo aun cuando las pintadas aparecían generalmente tras un asesinato.


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Londres siempre ha tenido fantasmas en sus paredes y quizás por ello nadie le dio importancia hasta que los cuerpos comenzaron a amontonarse. Todos despidiéndose de este mundo con la misma expresión de terror y la misma firma. Una y otra vez Eddie.
Fue así como los reporteros acuñaron una palabra que la policía evitaba … Killers, en plural. No parece el trabajo de un solo hombre. Demasiado limpio. Demasiado preciso. Como si la ciudad misma en algún momento hubiera decidido defenderse de quienes la infectaban.
Cada víctima tuvo algo oscuro en su conciencia. Violencia. Abusos. Vicios. Dolor. Traición. Con el tiempo, estos ajusticiamientos se calificaron como merecidos, más a tenor de los antecedentes de los elegidos y de la prácticamente nula intervención de la policía, cuando en realidad, la resiliencia de la mente humana, sólo ha intentado borrar de la memoria colectiva las espeluznantes escenas de sangre dejadas bajo el pseudónimo de Killers.
Aquel rostro huesudo es ahora una leyenda urbana, símbolo de la justicia convertida en venganza.

Eddie, la máscara que usan los rebeldes para saldar sus deudas, es más que un hombre. Es una identidad animal que pasa de uno a otro junto a una ilimitada sed de venganza. Un heredero invisible. Donde uno cae, otro se convierte en Eddie. Otro empuña su hacha y continúa su misión.
Una red sin jueces que imparte una justicia oscura, filosa, despiadada y omnipresente. Un vengador que opera bajo el manto impune que le profiere esa dignidad del que actúa implacable difundiendo su mensaje … “si cruzas la línea entre el bien y el mal con la persona equivocada, apareceré entre la niebla y serás uno más en mi estadística”.


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Los políticos, obligados a opinar, han tildado siempre estos crímenes como una persistente ola de terror, sin más. La policía se escuda en una cadena de extrañas coincidencias que les impide profundizar en las pistas, pero en los pubs del East End, los viejos metaleros que visten las camisetas de Iron Maiden saben la verdad.

Desde hace 45 años, las calles de Londres han tenido a más de un Eddie y todos quienes peregrinamos a los conciertos de La Doncella somos los custodios de Killers.
P.D. Según las últimas pesquisas, el asesinato registrado este año a principios de Febrero pudiese ser obra de un imitador ya que la víctima, antes de morir, alcanzó a dibujar con sangre las iniciales “S.D.”

KILLERS / GRABACION Y CONTEXTO.

Podemos calificar la grabación de Killers como la historia de una banda saliendo del caos que amenazaba con destruirla desde dentro. Publicado el 2 de febrero de 1981, el segundo álbum de Iron Maiden no solo consolidó su sonido sino que también definió su destino.
Es el disco donde nació el Maiden clásico, pero también donde murió su primera encarnación. Hay discos que definen una carrera, y otros que la transforman. Killers hizo ambas cosas.

Después del debut Iron Maiden (1980), grabado prácticamente como una demo con mejor presupuesto, Steve Harris sabía que necesitaban evolucionar. La banda ya no era solo un fenómeno de pubs del East End, estaba girando por Europa, abriendo nada menos que para unos KISS en pleno auge, ganando seguidores y construyendo una reputación feroz en directo pero aún les faltaba un sonido a la altura de su ambición que llegó con Martin Birch haciéndose cargo de los controles.

Productor de gigantes como Deep Purple, Rainbow y Black Sabbath, Birch aportó lo que Maiden necesitaba desesperadamente logrando claridad y definición sin sacrificar agresividad traducida en velocidad. Grabado en los Battery Studios de Londres a finales de 1980, Killers fue el primer álbum donde Iron Maiden sonó exactamente como Steve Harris lo imaginaba.


Killers

El bajo galopante, ahora más definido, se convirtió en columna vertebral. Las guitarras gemelas de Dave Murray y Adrian Smith, dejaron de ser ruido para convertirse en armas melódicas de precisión. Y la batería de Clive Burr aportó una fluidez que elevó todo el conjunto. Es el sonido de una banda joven, hambrienta y aún conectada al asfalto que la vio nacer.

Pero gran parte de la magia del disco reside en su origen. Muchas canciones —“Wrathchild”, “Killers”, “Another Life”, “Innocent Exile”— no eran nuevas. Habían sido compuestas en los últimos suspiros de los 70 y forjadas en los escenarios una y otra vez frente a audiencias hostiles o indiferentes lo que explica la naturalidad del álbum. No suena como algo construido desde cero sino a algo que se ha vivido previamente.
Otras piezas como “Murders in the Rue Morgue”, “Purgatory”, “Twilight Zone”, la instrumental “Genghis Khan” o “Prodigal Son”, un corte más lento y atmosférico, se sumaron al álbum sin desentonar en sus estructuras compositivas.

Desde el instrumental “The Ides of March”, que abre el disco hasta el cierre con “Drifter”, hay una sensación constante de movimiento y persecución. Killers es heavy metal urbano con las últimas pinceladas del Punk que identificó a su predecesor. Es Londres de noche, sus vicios y sus crímenes.
La canción “Killers” es el centro oscuro del álbum describiendo un retrato frío de la mente de un asesino donde no hay piedad, no hay dolor. Sólo hachazos asestados a discreción.

El lanzamiento del álbum confirmó el ascenso de Maiden con Killers entrando en el Top 20 británico y otras listas Europeas. Se embarcaron en su primera gira mundial real, totalmente programada por Rod Smallwood, incluyendo su recordada incursión en Japón, donde grabaron el EP en directo Maiden Japan con Eddie en portada sustituyendo el hacha por una Katana. Ya no eran un secreto del underground. Pasaron a ser una banda internacional.
Pero el éxito no fue suficiente para salvar a Di’Anno y paradójicamente el elemento más humano del disco también fue su mayor fractura.
Su voz era perfecta para aquel momento de la banda. Áspera, callejera, creíble. Di’Anno no sonaba como un cantante de cuerdas vocales educadas; sino como alguien que realmente había vivido en esos callejones que Maiden describía. En canciones como “Wrathchild”, “Killers” y “Another Life”, su interpretación no es técnica, es emocional.


Killers

Lamentablemente fuera del estudio, su estilo de vida estaba destruyendo su lugar en la banda. Arrestos, malos hábitos y falta de disciplina crearon una distancia irreparable entre él y Steve Harris, cuya visión para Iron Maiden era absolutamente profesional. Aunque su voz define Killers, este sería su último álbum con la banda. Maiden estaba evolucionando e internamente la fractura era inevitable.
Durante la grabación, la relación con Di’Anno ya estaba dañada. Llegadas tarde, falta de compromiso y una creciente desconexión con la dirección de la banda creaban una tensión constante. Aun así, sus líneas vocales son uno de los elementos que definen el álbum.
Esa conexión con lo urbano se refleja también en la recordada portada, creada por Derek Riggs con Eddie en un callejón del East End londinense, hacha en mano, iluminado por una farola mientras su víctima se desploma.

El Maestro Riggs encapsula perfectamente el espíritu del disco en una de las portadas clásicas del Metal mostrando a Eddie no como un monstruo fantástico sino como un producto de la ciudad. Un símbolo de la violencia urbana. Eddie dejó de observarte, ahora actúa y tiene un hacha.
Un detalle gráfico que resulta clave, porque Killers es un álbum de transición y definición. Aquí termina el Iron Maiden nacido en los pubs y en la precariedad. El siguiente capítulo, con Bruce Dickinson, llevaría a la banda a territorios más épicos, más ambiciosos, más inmortales.
Por eso Killers suena a esa sensación de peligro advirtiendo a la banda que Londres podía devorarlos y hacerlos desaparecer, algo que fue justo lo contrario después de la llegada de Bruce, siendo ellos quienes finalmente se han tragado el mundo entero.


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KILLERS / EL EFECTO SMITH.

Aunque el álbum es recordado por la salida de Paul Di’Anno, un año antes, en 1980, ocurrió otra sustitución que resultó igual de decisiva para el futuro de la banda con la salida de Dennis Stratton y la feliz llegada de Adrian Smith poco antes de comenzar la grabación de Killers.
Ese cambio generó lo que hasta hoy se conoce en La Doncella de puertas para adentro como el “Efecto Smith”.
La llegada nada improvisada de Mr. Adrian Smith no sólo aportó química con su amigo de la adolescencia, el bueno de Dave Murray sino que además dibujó unas líneas de guitarra más precisas y complejas sobre las ya de por sí intrincadas composiciones de Harris. Smith no solo ya era técnicamente sólido sino que también tenía algo que Maiden necesitaba con urgencia para mejorar su sonido de cara a este segundo álbum. Combinaba un sentido melódico sofisticado con la capacidad para construir solos memorables bajo una disciplina profesional que resultó clave para el encaje dentro de la estructura melódica de Maiden y el visto bueno del Boss.

KILLERS Y EL PASO DEL TIEMPO.
Por momentos, durante la gira Run For Your Lives, parece que Maiden no están tocando en estadios, sino en un callejón húmedo del East End. Eddie The Killer ha vuelto a la escena del crimen y no es casualidad. Killers siempre fue el documento más callejero de la banda con canciones que carecían de épica, castillos o profecías. Solo Londres, violencia y supervivencia. Ahora, cuarenta y cinco años después, algunas de sus canciones han regresado al setlist, encabezándolo como si nunca se hubieran ido.

Escoger una canción del Killers para comenzar los conciertos de esta gira ya es de por sí una declaración de intenciones. Inspirada en París, Murders in the Rue Morgue regresa a los directos reforzando la idea central de esta gira para volver al origen, al momento en el que Iron Maiden todavía eran una banda con algo que demostrar.
La canción actualmente no suena más rápida, aunque sí más detallada y precisa que por ejemplo, la grabación registrada durante el World Slavery Tour 84-85.


Killers

Luego disparan Wrathchild y el tiempo se rompe. Canción corta por excelencia, construida sobre un riff que camina con cierto “flow” criminal que no deja espacio a adornos. Solo el pulso urbano de Steve Harris y esa actitud que viene directamente del Londres de finales de los 70. Punk y Metal a dosis iguales inyectadas a un Fender Precision.

En esta gira Wrathchild no suena como nostalgia. Suena como una amenaza tan vigente que al comenzar la canción te encuentras con la sensación de que el público no la canta. La reclama. Se ha mantenido constante en la mayoría de sus repertorios.
Acto seguido llega el turno de Killers, la canción que define al álbum homenajeado tras 45 años de historia y que también encumbró a Eddie como el canalla más carismático del heavy metal.

Durante la gira actual, el regreso de Killers al repertorio es más que simbólico. Es histórico. La banda la ha recuperado tras años de ausencia, recordando una era donde todo era más crudo, más directo, más humano. Se me antoja como una de las obras maestras menos explotadas por La Doncella ya que desapareció de aquellos primeros setlist escritos entre pubs y furgonetas, y desde 1982 sólo ha sido rescatada en 1988 para la grabación del Maiden England y en 1999 en la gira que inició la actual etapa sexteto.


Killers

En directo sigue funcionando. El riff enloquece a la audiencia que desde los primeros compases se sabe perseguida por un tema enorme y potente.
Cuando llega el clímax, el escenario se convierte en el callejón de la portada con Eddie en versión Big Size haciendo una aparición estelar empuñando su hacha ensangrentada en los ya tradicionales combates con Bruce.

Algo de destacar es que la voz de Dickinson nunca ha intentado imitar a Di’Anno en estos temas. El mejor Frontman del Metal no lo necesita. Ha plasmado su sello a unas canciones que han evolucionado sin perder la agresividad inicial con la banda sacrificando la velocidad por pegada y densidad producto de la inclusión de Simon Dawson tras los parches.

Tras 45 años el hacha de Killers sigue presente e igual de filosa en los directos de La Doncella.

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